La solución que ofrece Francisco Mangado para el nuevo Palacio de Congresos y Hotel de Palma puede interpretarse en términos de dos grandes trazos que discurren según los límites norte y sur de la parcela enfrentada al mar. Dos trazos de muralla desposeídos de su densidad física pero dotados de intensidad funcional y significación arquitectónica.

Uno, orientado al norte, contiene todos los servicios de apoyo a los usos principales, también los accesos de suministro y personal. Pero el más importante, el orientado al sur y al mar, será una fachada profunda, fachada-espacio constituida por un denso entramado vertical que rememora la densidad de las murallas, de cuatro metros de profundidad, evita la iluminación directa del interior, pero permite sin embargo ubicar escaleras, algunas mecánicas, que conforme se suben o bajan dejan ver el horizonte marítimo. Estos elementos de comunicación se manifiestan al exterior, como grandes pantallas de vidrio incrustadas en el conjunto de la trama.

En las plantas bajas la profundidad de la fachada permite ubicar los accesos marcando la transición entre el interior y el exterior, así como locales comerciales que, situados junto a las zonas de exposiciones, quedan orientados hacia lo que será el nuevo boulevard costero.

Entre las dos gruesas fachadas se van localizando los distintos usos exigidos:

- En la esquina más cercana a la confluencia con la calle Manuel Azaña se disponen las dos salas principales, con escenarios contiguos, generando economías funcionales. En continuidad con estas se ubican las zonas de exposiciones, con alturas variables en todo caso importantes para permitir la celebración de diversos eventos. Una gran cafetería entre ambas áreas completa la distribución en planta baja.

Elevadas en el último nivel, se sitúan las salas de congresos y un gran restaurante en torno a un jardín colgante con vistas abiertas al mar. Estos usos estarán directamente conectados al cuerpo del hotel mediante un puente que permitirá el funcionamiento integrado con una planta intermedia en el hotel de uso público. En ella se sitúan gimnasios, piscina y centro termal, junto a otro restaurante, los cuales se pueden entender en continuidad con los usos ya descritos en el edificio de congresos.

La disposición del programa de manera lineal dada en parte por la forma alargada e irregular de la parcela crea un esquema lineal en lo que al funcionamiento se refiere, separando claramente los accesos principales y públicos de la fachada sur de los de servicio en la fachada norte sin interferencias entre ellos.

Se permite así que las áreas del edificio puedan funcionar y explotarse de una manera relativamente independiente. Los accesos públicos se localizan básicamente en la fachada situada en continuidad con la calle Manuel Azaña, subrayando la importancia de la misma, y en el Paseo Marítimo en el caso de los auditorios, y a lo largo de este último para área de exposiciones. La planta baja, más retranqueada, crea un espacio de recogida y accesos, sombreado y al abrigo de la gran fachada resolviendo así la estrechez e inmediatez de la parcela con sus límites urbanos.

Las salas de congresos se han pensado con la idea de que permitan el máximo grado de uso y flexibilidad. Junto al uso de grandes congresos (con capacidad aproximada de 2.020 personas), cabe la disposición de auditorio eliminando la audiencia bajo el anfiteatro donde la acústica no es aceptable si no es amplificada. Todas las salas se pueden igualmente dividir mediante paneles móviles para permitir simultáneamente el uso de congresos menores.

La materialización de todo el conjunto  pretende por un lado utilizar la luz de Palma y crear un sistema de reflejos y sombras marcadas. Por otro se idea configurar un gran pez yaciente, varado a la orilla del mar, de formas y geometrías definidas pero de tránsito suave, que viene a explicar la geometría continua de la propia cubierta, sólo vaciada en el jardín colgante del restaurante que aparece como un gran mirador con vistas directas al mar y sobre el boulevard costero.

La fachada sur, ejecutada con profundos perfiles tiene un marcado carácter estructural. Estos perfiles quedarán revestidos por gruesas planchas extrusionadas de aluminio marino utilizado para la construcción de barcos, cuya superficie será matizada con una proyección de arena. Este aluminio, así tratado, no produce reflejos solares indeseados, pero su grano origina unas vibraciones lumínicas muy expresivas y atractivas.

El revestimiento de los dos grandes auditorios se propone de vidrios laminares mateados con espejo en su interior, colocados y superpuestos uno sobre el otro como si de escamas de pez se tratara, todos ellos adaptados a los volúmenes de planos inclinados que vuelan sobre los accesos y vestíbulos, arrojando texturas originados por la incidencia de la luz, que no del sol directo, sobre el interior.

Los recubrimientos de la cubierta y de la fachada sur se ejecutan ambos con la misma piedra de marés, buscando una continuidad del volumen y también una cierta riqueza textural garantizada por las finas líneas de sombra de las piedras superpuestas. La referencia a las texturas marinas, y a las escamas de los peces, se hace inevitable.

En la fachada sur las escaleras se proyectan en el exterior en forma de cajas de vidrio reflectante obtenidos a partir de las superficies de cristal tratado con proyección de zinc que dibujan grandes ‘caballitos de mar que se ven desde la distancia. Son estas superficies las que asumirán un valor de referencia permitiendo acercarse hacia la línea exterior del edificio, proyectarse hacia afuera según se asciende y mirar el horizonte sin sufrir los efectos de la radiación solar.

Mapa de la web | Aviso Legal | ©2005 PALAU DE CONGRESSOS DE PALMA. All rights reserved